La flexibilidad es uno de los objetivos más comunes entre quienes practican yoga. Sin embargo, suele estar rodeado de mitos y enfoques erróneos que, lejos de ayudarnos a progresar, pueden incluso provocarnos lesiones.

En este artículo te explicaré cómo mejorar tu flexibilidad de manera efectiva, segura y sostenible, para que disfrutes al máximo de tu práctica de yoga.

¿Qué es realmente la flexibilidad?

 La flexibilidad es la capacidad de una articulación para moverse en su máxima amplitud, involucrando a todos los tejidos que participan en ese movimiento: músculos, fascia, ligamentos y otros tejidos blandos. 

      – Músculos: Si no son suficientemente elásticos, limitan la movilidad. Por ello, los ejercicios de flexibilidad suelen centrarse en mejorar su elasticidad.  

      – Fascia muscular: Es el tejido conectivo que envuelve los músculos. Una fascia rígida puede dificultar el movimiento, por lo que es clave para evitar tensiones excesivas. 

      – Ligamentos y otros tejidos estabilizadores: Su función es mantener la estabilidad articular. Si se estiran en exceso, pueden perder esta capacidad, lo que resulta perjudicial.

 Por lo tanto, el objetivo no es estirar todo indiscriminadamente, sino trabajar de manera específica y consciente en los músculos y la fascia

Tres sistemas trabajando

Cuando trabajamos la flexibilidad hay tres sistemas trabajando: el sistema muscular, el sistema nervioso y el tejido conectivo.

Cuando estiramos nuestro sistema nervioso, activa una respuesta involuntaria para proteger nuestros músculos y prevenir que estos se estiren muy rápido y muy fuerte, es esa sensación de contracción y dolor que sientes al estirar, esto se llama reflejo de estiramiento. Básicamente ocurre que si llevamos a nuestra articulación a un rango de movimiento extremo al que normalmente no llegamos nuestro sistema nervioso dará la orden a los músculos de contraerse para evitar que sigamos en una zona de peligro donde no puede asegurarse de que los tejidos no se romperán.

Y paradójicamente, si cuando este reflejo miotático se produce (algo que no podemos controlar) a la vez que nosotros insistimos en seguir estirando el resultado final será un músculo o tendón desgarrado o roto.

Claves para mejorar tu flexibilidad sin romperte

– Debe tener un buen calentamiento, al principio empieza con una sensación de esfuerzo bajo.

Controla la intensidad. La flexibilidad debe hacerse progresivamente. Lo ideal para lograr un estímulo suficientemente grande pero sin llegar a una zona de riesgo sería mantener una intensidad del 70%.

Concéntrate en la respiración, haz respiraciones continua por la nariz, y permite que tus músculos se relajen.

Los tiempos, cuanto más tiempo puedas aguantar, mejor. Aguantar más tiempo es efectivo, pero no es una obligación. No caigamos de nuevo en la trampa simplista del “cuanto más mejor”.

– El descanso es parte del proceso, el descanso de las zonas que has estado estirando les vendrá bien para recuperarse y adaptarse a los nuevos estímulos por un lado, y te vendrá bien a ti para no tener que trabajar de forma incómoda.

Conoce tu  cuerpo, la mejor manera de ganar consciencia corporal es entendiendo tu cuerpo. Cuantos más conozcas su anatomía, fisiología y su mecánica más acertada y detallada será la idea que tienes sobre él.

En resumen, la flexibilidad es un objetivo común en la práctica de yoga, pero para mejorarla es necesario trabajar de manera específica en músculos y fascia. Para mejorar es fundamental un buen calentamiento. Y, conocer y comprender tu propio cuerpo también es crucial para progresar de manera efectiva en la flexibilidad.